Rol del creador como agente de transformación social
El arte sin lugar a dudas, es un elemento de gran peso dentro de los procesos culturales de una región. Entendemos el arte como manifestación de un pueblo que lo identifica y lo diferencia del resto. El arte nace de la necesidad creativa del hombre, desde las cuevas de Altamira hasta los maestros del vanguardismo del siglo xx, el arte ha funcionado como un elemento importante en la historia del hombre. Como consecuencia de este estatus tan supremo que adquiere el arte, comenzó a considerarse al autor del mismo como un ser superior dotado de habilidades sobrenaturales y al que se le podían perdonar todo tipo de peculiaridades. Este estatus elevado del arte y del artista fue transmutándose hasta llegar al punto en que, se hizo una división a la hora de acceder al conocimiento, tomando como punto focal la división de las clases sociales, limitando su acceso solo a las elites. Esta ruptura consigue generar a largo plazo el deceso de los niveles culturales de las clases menos pudientes, desencadenando otros fenómenos sociales. Según un planteamiento realizado por “La Casa Amarilla”, una organización sin fines de lucro originaria de España Barcelona, cuyo objetivo es el desarrollo de proyectos artísticos comunitarios, los niveles de cultura influyen proporcionalmente en los niveles de desarrollo económico, social y democrático de una región. Sin embargo y muy a pesar de las susceptibilidades, el arte por su cualidad de libre, tiene la cualidad de romper estas barreras si se lo permiten, pudiendo actuar en su lugar como elementos unificador, que traspasa las barreras clasistas y que desembocan en una sola expresión cultural. Ben Davis, crítico de arte de la ciudad de New York en su libro “9 tesis sobre arte y clases sociales” expresa que regresar al tema de las clases sociales juega un papel muy importante para abordar los desafíos de las artes contemporáneas.
Es aquí donde el rol del creador entra en juego, pues en teoría debería dedicarse al trabajo de integración del colectivo, representado en una expresión cultural.
En Venezuela han surgido diversos movimientos como respuesta a estas necesidades del colectivo, en su mayoría, de manera empírica. Un fuerte ejemplo es el del Grupo Madera, en la parroquia de San Agustín del Sur en la ciudad de Caracas, que nace como una expresión cultual y como respuesta a una realidad social, bajo el enunciado de “cantarle al pueblo sin odio y sin falsedades”. De él saldrían grandes músicos que conformarían la alineación de centenares de grupos de renombre a nivel nacional y de toda América Latina y el Mundo. Otro ejemplo podemos encontrarlo en el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, creado por el maestro José Antonio Abreu, cuenta con reconocimiento internacional, siendo ejemplo a muchos otros países de cómo desarrollar proyectos musicales con intención de integración y transformación social. Son cientos los niños, niñas y jóvenes que han sido favorecidos con este sistema, convirtiéndose en una herramienta emancipadora de reivindicación, como lo podemos ver en el proyecto documental “Tocar y Luchar”. De este sistema saldrían músicos de renombre, de los que pudiera destacarse Gustavo Dudamel, que goza de reconocimiento mundial actualmente.
Sin duda alguna el arte juega un papel fundamental en los procesos sociales y puede afectarlos tanto de forma positiva, como de forma negativa. En los casos citados anteriormente, puede distinguirse que el principal tópico era la integración del colectivo, sin distinción alguna y como respuestas a unas necesidades específicas. Si bien el arte tiene la capacidad de romper las barreras, es responsabilidad del creador, del artista, fungir como catalizador de estos procesos, utilizando los recursos artísticos que maneja como mera excusa para alcanzar un bien mayor, que es el desarrollo cultural de la sociedad y por ende, de la sociedad en sí. Entonces podríamos decir que el arte tiene igual importancia en los procesos formativos del hombre como la educación, por lo tanto el artista ejerce como una especie de educador, pero su función está en la docencia de las masas y del entorno, ya que el artista se debe a su entorno, es una pieza de un todo.
Se puede concluir entonces, que la labor del artista, mas allá del puro arte banal, está en el impacto masivo, a pequeña o gran escala, que este pueda generar en el colectivo, en retribución al entorno en donde fue formado, y del cual se nutre, definiéndolo en su rol de creador.
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